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martes, 21 de julio de 2015

La onda sana.


Estoy siempre intentando encontrar la cura para alguna enfermedad mental, escribo lo que pienso con la esperanza de que se me comprenda o sirva de inspiración a alguien, sé que la tranquilidad es muy importante, pero también quererse a uno mismo y no querer sufrir. No quiero dar falsas ilusiones a personas que lo estén pasando mal hablando de curas que no he  contrastado, tan sólo intento ser transparente y explicar cómo, quizá, se encuentre la solución porque en mi pensamiento y en teoría, funciona. Este sólo es un intento más para que se halle la cura de la enfermedad mental grave (todas en las que se sufre mucho son graves, se alejen mucho o no de las normas socioculturales, pero la cuestión es que ya que pienso mucho, pues mejor centrarme en el pensamiento en la cura de mi enfermedad mental, desde la mía que es grave hasta las más leves). Lo que escribo es un reflejo de lo que pienso. Lo que falta aparte de adquirir el deseo de no sufrir y la tranquilidad, es la cura de la enfermedad, y creo que viene de la mano del acto de comunicación: otra persona cualquiera puede ayudarnos a equilibrarnos si sabemos en qué aspectos de su acto comunicativo fijarnos, en mi opinión.

Mi diagnóstico es en estos momentos Esquizofrenia paranoide, y aunque no siempre he estado de acuerdo, desde hace tiempo sí lo estoy y ha habido momentos en los que me he notado enfermo, no por el sufrimiento, sino por reconocer mi personalidad con la enfermedad mental. Es habitual en las personas que tenemos este diagnóstico no tener conciencia de enfermedad. Mi pensamiento me lleva mucho tiempo cansando por la cantidad y velocidad a la que procesa información, pero lo llevo bien, sobre todo gracias a mi familia y las personas que me rodean, desde mis padres hasta mis compañeros del centro de día, y la medicación.

Según lo que entiendo, la personalidad se desarrolla en la infancia, si uno se rompe en algún momento por tener Esquizofrenia paranoide, es a partir de los 18 años, o eso creo, una vez que se ha alcanzado la edad adulta. Significa que no necesitamos volver a aprender una personalidad, tan sólo volver a la personalidad que ya desarrollamos en la infancia. Esta personalidad es buena, existe, y para volver a ella sólo hace falta reiniciar la personalidad de uno hasta donde se recuerda, que es una personalidad sana, es decir, la personalidad, la cual no se puede olvidar, es posible recuperarla con ausencia de la enfermedad adquirida. Porque en mi opinión la enfermedad mental se adquiere, no viene con la naturaleza de uno, por eso somos todos los seres humanos iguales. La personalidad no se puede olvidar.

Pretendo ser transparente y expresar lo que pienso, lo que creo que así es, porque creo que así es como los especialistas me van a conocer mejor para curarme, y pienso normalmente en la dirección de solucionar las enfermedades mentales (la mía y las demás), con lo poco que he estudiado, pero basándome en mi experiencia y pensamiento. Con lo que escribí de no querer sufrir, pensé que ya tenía teóricamente la solución y que sería suficiente, resumiendo: si las personas con alguna enfermedad mental procesamos la información distinto a las personas sanas que se ajustan a la corriente de las normas y costumbres socioculturales, entonces debemos desear no sufrir para que nuestro cerebro aprenda a no sufrir. Pero quizá no fue suficiente y creo que con este escrito acabo de explicarme bien y funcionará el método de recalibrarse gracias a la comunicación con alguien cualquiera, hace falta tener en cuenta varias cosas que escribo a continuación, mientras se está tranquilo, se rechaza la enfermedad, y no se desea sufrir.

Creo que es posible reiniciar la personalidad, sin sufrir ni olvidarse de las cosas ni perder habilidades. Y cuando se reinicia la personalidad o se centra uno en ello por un momento conscientemente y a propósito, una buena compañía siempre lo hace a uno situarse en su onda y por lo tanto en teoría se desecharía la enfermedad mental pasando página, en vez de mantenerse en la onda de la enfermedad mental. En mi caso, yo llevaba tiempo estando muy atento de muchos aspectos del comportamiento de los demás a la hora de comunicarme, y me he fijado en que personas con enfermedad mental que me rodean hacen lo mismo, se fijan en aspectos personales de uno para encaminar su acto comunicativo. Como si tuviera que conocer la personalidad de mi interlocutor en su totalidad para escoger lo que comunicaría yo en respuesta, de una forma en la que sufría de tanto fijarme en todo, y se me ocurrió pensar que quizá precisamente eso sea lo que conlleva mi personalidad con la enfermedad, que lo que comunico se basa en información adicional de la otra persona a la vez que proceso información de forma original, y los expertos reconocen en la comunicación. A través del sonido de la voz y el momento de el contacto visual. Así que se me ocurrió que podía ser posible volver a empezar a relacionarme con los demás, comunicarme de nuevo renovando por tanto mi personalidad, y adaptándome de nuevo a las normas y costumbres socioculturales gracias a la onda que crea la persona con la que me comunico, centrándome por un momento en el cual me quiera basar para el resto de mi tiempo estando sano, para ser. Sin olvidar nada ni sufrir. Una especie de reinicio de una parte: de mi personalidad, que es buena, y se recuerda siempre.

Teniendo en cuenta dos cosas, la primera es que uno tiene que tener claro que tiene una enfermedad que no desea tener y que no desea sufrir: centrar su camino en ello. La segunda es centrarse en la comunicación con los demás en aquello que realmente importa a las personas sin enfermedad mental para comunicarse en principio, porque las personas se fijan en dos aspectos de la personalidad del otro a la hora de comunicarse, sólo en dos en general: por una parte en cuándo existe el contacto visual y cuando no, y en lo que la otra persona expresa verbalmente con sonido y la vocalización. Se trata de fijarse en el contacto visual: si se está produciendo o no; y en lo que dice y cómo lo dice la otra persona con su voz. Sólo en eso, hasta sentirse uno “en la onda”, es decir, sin la enfermedad mental, a lo largo de la comunicación con alguien (tenga o no una enfermedad mental). Ambas características predicen la sociabilidad y la dirección de la conversación de la relación comunicativa, es decir, posibilitan conocer a la otra persona tal y como dirige la corriente sociocultural. Lo demás que una persona expresa, es puramente personal: el tipo de mirada, el tipo de expresión facial, gestos, reacciones al entorno, etc. La gente sin enfermedad mental no se fija en esas expresividades: en si la otra persona tiene la mirada muy alerta, o tiene una expresión facial particular en ese momento, en la velocidad a la que cambia de expresión, o en si está nerviosa, o en algunos de los gestos que acompañan a veces. Me refiero a la hora de comunicarse y por tanto de proyectar una personalidad, se puede pasar de largo de esas características sin afectar a la calidad de la comunicación y por lo tanto a la salud de la personalidad. La comunicación es una impresión de la personalidad, un reflejo o proyección. Así que si uno comunica fijándose en las características adecuadas de la comunicación (contacto visual y voz) de alguien cualquiera, su personalidad memorizada se reaviva, y la enfermedad queda atrás si uno lo desea, uno se convierte en común a la corriente de normas y costumbres socioculturales, es decir, de el ambiente que se ha creado. Se reinicia la personalidad.
Al colocarse uno de igual a igual a la persona que tiene comunicando algo y se fija por un momento por lo menos, en el cual se va a basar, en el contacto visual y en la voz solamente, es posible que uno se recoloque en su personalidad por fuerza mayor en saludable, en la dirección de la corriente de las costumbres y normas socioculturales y por tanto no tener una enfermedad mental. Muchas veces las personas con alguna enfermedad mental tenemos alguna habilidad o suspicacia que sobresale de lo habitual, consiguiendo la persona con la enfermedad mental ser muy inteligente, o muy hábil en alguna materia… Estas cualidades no compensan el sufrimiento, pero ahí están, y lo están gracias a que la persona se lleva fijando en más aspectos que el contacto visual y el sonido de la voz de la otra persona. Se recibe la información adicional de la persona que nos comunica información, y se adquieren habilidades. 

Resumiendo, y por lo tanto en teoría, para curarse, y ello da estabilidad a todos, pienso que se puede reiniciar esa parte del sistema nervioso central que se dedica a la comunicación: la personalidad. ¿Cómo? Por una parte eligiendo no querer sufrir y por lo tanto no querer tener una enfermedad, tenerlo claro y tratar de ir en esa dirección, por otro lado, en la comunicación con los demás, fijándose sólo en cuándo existe la mirada o contacto visual y en el sonido de la voz de la otra persona. Lo demás se debe saber que es puramente personal de la otra persona y no contribuye a la comunicación, a diferencia de lo que pensaba yo, que la expresión y expresividad personales de la otra persona tenían que influirme a la hora de dirigir mi comunicación y por lo tanto de tener una personalidad determinada. Así, fijándome sólo en el contacto visual y lo que expresa verbalmente la otra persona, he reseteado esa parte de mi sistema nervioso central, y me he quedado con lo que recuerdo: mi personalidad. La que es sana y buena. No hace falta fijarse siempre sólo en el contacto visual y la voz, pero sí por un momento para que mi sistema nervioso central se sitúe en la onda de la cordura. Ojalá funcione en general, a mi saberlo, haberlo intentado, y hablar de ello me ha ayudado. Gracias.

      Iñigo.



2 comentarios:

  1. Admiro tus ganas de escribir sobre un tema tan complejo, así se logra estructurar el pensamiento y las ideas se aclaran...sabemos tan poco de como funciona la mente que está muy bien la divulgación de todo lo referente al pensamiento...sigue escribiendo que es una buena terapia.....

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  2. Nos ayudan tus palabras, Iñigo. Gracias por compartir y hacernos pensar sobre ello. Un abrazo

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