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lunes, 4 de marzo de 2013

LUCÍA


Cuento escrito por Gemma para el concurso de relatos de AGIFES 2012

 Lucía iba a la Unidad de Día del Centro de Salud Mental muy a gusto, porque se sentía
arropada y respetada por el resto de sus compañeros.

No le costaba nada levantarse para ir allí, lo hacía con ilusión; así como el resto  de los
días que no iba  se quedaba hasta tarde en la cama, con lo cual, su madre se enfadaba y
con cierta razón.

Los lunes le gustaba oír:
- Buenos días chicas y chicos ¿qué tal el fin de semana?
Dicho por las terapeutas ocupacionales, ver sus sonrisas y escuchar lo que les decían.
Le habían concedido la incapacidad absoluta ya que le habían diagnosticado un “trastorno depresivo mayor” y “trastorno de personalidad con rasgos obsesivo-melancólicos”, y le había quedado una pensión que le permitía vivir dignamente.
 
Había estado tres veces ingresada en el psiquiátrico.

Los miércoles le gustaba ir a la salida. Dependiendo del lugar donde iban utilizaban el tren, el topo, el autobús o, a veces, iban andando.  Así iban conociendo parte de la Geografía guipuzcoana.

Los viernes tenían educación para la salud dirigido por una enfermera, donde aprendían temas relacionados con el cuerpo humano.

También tenían  terapia de grupo con el psicólogo clínico. Al principio le costaba mucho tomar parte debido en gran parte a su timidez.  La verdad es que se podía pasar si no se quería participar pero ella consideraba que era mejor contar lo que le ocurría. En el grupo había un hombre que le llamaba la atención cada vez que hablaba por lo bien que se expresaba.

Cuando Lucía tenía 12 años su padre falleció tras una larga enfermedad pero mantuvo la sonrisa hasta el último momento. Fue un hombre muy trabajador, honesto, honrado, discreto, con sentido del humor y muy amante de su familia.  
Le encantaba cuando su padre le decía:
- Eres la niña de mis ojos. Te quiero tanto.
Para ella su pérdida supuso un durísimo golpe, que le dejó tocada.

La madre dijo que nunca más se casaría porque, en el fondo, seguía enamorada de su marido Ángel. Además, desde que se quedó viuda su carácter cambió. Pasó de ser una mujer alegre, cantarina y extrovertida a encerrarse en sí misma; lo cual hizo mella en la unidad familiar.

En casa se sentía apoyada por su madre y sus dos hermanos, uno de los cuales, vivía en un pueblo de Guadalajara.

En cuanto a las amistades, solía quedar con un grupo de amigos de vez en cuando y lo pasaba muy bien. Eran buenas personas que le comprendían su situación.



Le gustaba escribir principalmente poesía y hacer escritos a personas que apreciaba. La mayoría le decían que eran muy bonitos; aunque desde hacía tiempo lo tenía aparcado por pereza, dejadez, desidia y abandono.

Uno de sus sueños era ganar un concurso de literatura; a veces, se convertía en una obsesión para ella,  hasta que se dio cuenta de que lo realmente importante era disfrutar escribiendo y vistiendo con palabras y frases las hojas desnudas.

 Las prisas, las indecisiones, las inseguridades, la falta de autoestima y los miedos, Habían sido sus compañeros de viaje.

Por el contrario, deseaba que la paz, la calma, el sosiego y la tranquilidad reinaran en su fuero interno. Ella lo intentaba y cuando lo conseguía aunque fuera por breves momentos se sentía muy a gusto.

Su historia sentimental había sido efímera, escasa, ya que había salido con dos chicos muy poco tiempo. Con los años se dio cuenta de que dichas relaciones no habían llegado a buen puerto porque le faltaba madurar y tener las ideas claras.

Uno de sus deseos era tener una pareja estable pero cada día lo veía más difícil por tener 53 años y por su escasa vida social.  

Últimamente soñaba mucho y se acordaba de alguno de los mismos.
Tuvo un sueño muy vivido que consistía en que participaba en un concurso de poesía organizado por el Aula de Cultura de un ayuntamiento de la comunidad Castilla-La Mancha y ganaba el primer premio con un poemario titulado “La enfermedad mental y yo”. Cuando fue a recogerlo dijo:
- Doy las gracias a mi familia y a todo el personal de la Unidad de Día por haber creído en mí. Tengo una enfermedad mental de la que estoy tratada. Me siento una persona afortunada  por todo lo vivido en mi camino.
Su madre tocó la puerta de su habitación y le dijo:
- Lucía, levántate que se te está haciendo tarde.

Ella le contestó:
- Ama, he tenido un sueño precioso, luego te lo contaré.

Había comenzado dos actividades en el nuevo curso: Pilates y dibujo. Tanto la una como la otra se le hacían difíciles, pero si otras personas podían hacerlo, ella también.

Le gustaría escribir cuentos infantiles e ilustrarlos por eso había comenzado a aprender dibujo.

Por fin, entendía en qué consistía el porqué de su existencia en quererse a ella misma y a su familia, en tener buenos amigos, en disfrutar del momento (carpe diem), en resolver los problemas que surgen, en definitiva, en sentirse una más en el gran universo de la vida.

6 comentarios:

  1. me gusta el cuento, le encuentro claro y preciso, el escribir es una buena terapia, logras descargar lo que tienes dentro y encima es un arte y gusta a los demás. muy bien.

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    1. Hola Glo muchas gracias por tu comentario. Saludos cordiales.Gemma

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  2. Me ha encantado el cuento, se te da genial.
    Ojalá sigas escribiendo y compartiendo tus cuentos con el mundo.

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    1. Hola te agradezco tus bonitas palabras. Saludos cordiales. Gemma

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  3. Aprovechando el fin de semana he podido disfrutar con un poco de tiempo de esta página que transmite tan bien experiencias bonitas, estimulantes, o a veces testimonios más personales quizás más difíciles.
    Me parece una iniciativa excelente para que los sujetos puedan expresar su sueños, sus dolores, sus anhelos, sus dificultades y así compartirlos con otros lo que es la vida humana con sus constricciones y grandezas.
    Zorionak!
    Juan del Pozo

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    1. Muchas gracias Juan, esperamos que nos sigas visitando en nuestro blog.

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